Aprovechando que la lectura de este blog es destinada para todos los públicos me dispongo a escribir sobre el maltratado y criminalizado mundo ultra. De todos es sabido que la línea editorial de este humilde blog es la sevillista e izquierdista teniendo afinidad algunos de nuestros participantes con Biris Norte. En cualquier caso, decir que este blog en ningún momento está dedicado, como se puede observar, al mundo ultra sino a al sevillismo en general. Por ello me gustaría romper desde aquí una lanza en favor de la salsa de los estadios: los ultras.
De cara a la sociedad, que no tiene porqué estar siempre informada de todo, ya se empieza mal con el empleo del término "ultra". De siempre o tradicionalmente, la palabra "ultra" hace alusión a una persona extremista en concepto político, generalmente de signo derechista. Es por ello la "cabezonería" que grupos como Herri Norte prefieran autodenominarse "hinchas" en vez de "ultras". En fin, cuestión de gustos. En mi opinión el significado de las palabras evolucionan tomando más de una acepción. De la misma forma que hace treinta años la pablabra "ratón" significaba "mamífero roedor más pequeño que una rata" adquiriendo ahora la nueva acepción de "chisme para dirigir el puntero en el ordenador" el término ultra, hoy día, define al seguidor de un equipo de fútbol que atiende a las características que todos sabemos (anima incansablemente, da colorido a la grada, lo sigue en la distancia, defiende sus colores en todo momento...). Es decir, que la acepción de ultra como elemento derechista está ya prácticamente anticuada. En principio, el término "ultra", no tendría que confundir a la gente ni darle un carácter violento gratuitamente.Tres son los principales detractores de los ultras: a) el periodismo, b) el fútbol moderno-negocio y c) los encargados de preservar nuestra seguridad. En algunos casos habría que sumar la directiva de los propios clubes a los que representan y defienden, que en lugar de colaborar, obstaculizan más la situación. Increíble. Pero por partes. a) El tratamiento de los periodistas al mundo ultra es infame, manipulador y mezquino. El periodismo, inevitable y odiosamente, no está para contar lo que pasa. Sino para crear corrientes de opinión según convenga. Véase caso Santi Mirasierra. Pero cuando dan más pena es cuando le dan por elogiar, muy de vez en cuando y aplastados por la evidencia, algún tifo o comportamiento de algún grupo ultra. No engañan a nadie. b) El fútbol negocio también es un problema importante. Poco a poco los precios para asistir a un partido son más elevados asesinando el carácter popular del fútbol. En un campo de fútbol caben demasiadas personas todos los domingos como para encarecer hasta el punto que lo están haciendo este deporte. Y por supuesto, los ultras, sobran en este negocio. Lo ultras y la gente con poco poder adquisitivo en general. c) La excesiva "mano dura" de la policía con los ultras (sólo con los ultras!) y su trato hacia ellos está haciendo realmente efecto en la destrucción de los mismos. Multas elevadísimas por lo más mínimo y un trato, verdaderamente, indigno. Seguro que la misión de la policía debe ser difícil pero ese no es el camino. Su labor debe ser de sosegar situaciones no provocarlas, algo que ocurre en muchos casos.
No me explico que la corriente actual sea la de acabar con los grupos ultras en el fútbol. No entiendo su criminalización. En las discotecas o en las ferias hay muchísima menos gente que en un campo de fútbol y ocurren más incidentes cualquier fin de semana. Se puede afirmar que lo de la violencia en los campos de fútbol es una farsa. Al menos en Europa. En el estado Español hay todos los fines de semana veintidós partidos de fútbol profesional entre primera y segunda. Y nunca ocurre nada. Nunca. A los ultras les pasa como al gitano del chiste que es cacheado por un guardia civil: registran al gitano y al encontrarle sólo una moneda de veinte duros le dice el guardia civil "qué, ¿ahorrando para una navaja, no?". No entiendo a quién, por la estratosfera social, le puede molestar la existencia de estos grupos de fieles seguidores de cada uno de sus equipos de fútbol. Me supongo que, igual que en los tiempos del criminalísimo Franco cuando estaban prohibidas las reuniones de personas sin vigilancia, debe ser un incordio ver a grupos de gente joven en los campos de fútbol que cuentan con una organización (en la mayoría de los casos de modo anarquista, primitiva y noble) y que no siguen el aborregamiento social.
Decir sin más, que en muchas ocasiones el espectáculo de una grada ultra supera con creces al espectáculo que se desarrolla en el césped. Cualquier persona sensible puede gozar de la panorámica que ofrece una grada ultra. Ya sea desde otra zona del estadio o por televisión. De la misma manera que disfruta de una obra de arte, la persona observadora (indicio de inteligencia) valora el sonido de tres mil gargantas gritando al unísono o la fantasía de un tifo lleno de colorido y buen gusto (en el Sánchez Pizjuán tenemos la suerte de contemplar los mejores de Europa gracias a nuestros artistas). Llevar a cabo conceptos como fidelidad, lealtad, camaradería, valor y esfuerzo a través de unos colores es algo realmente emocionante en esta sociedad cada vez más muerta y materialista. No se puede obviar que a veces hay episodios violentos pero de seguro que se exagera con creces. Para terminar, pedir un trato más justo y coherente para los ultras y dar un saludo a Biris Norte generalizado.
SALUD Y SEVILLISMO!!
No obstante, el Valladolid no lo puso fácil en la primera parte. Salió muy ordenado en la presión, basada en una buena basculación de todo el equipo, que les permitía tener superioridad defensiva allí donde se encontrara la pelota. Pero la calidad del Sevilla en una jugada rápida, que acaba con el buen pase de Romaric al espacio de Kanuté termina en el primer gol, con la aparente facilidad que hace este hombre las cosas. Control hacia fura para alejarse del defensa y ganar el espacio suficiente para cruzar la pelota de forma letal. Minuto 7, no podía empezar mejor la cosa. Pese a todo, no terminábamos de encontrarnos cómodos gracias a esa generosa presión del Valladolid. En el 21’ falta sacada excelentemente por Cannobio y rematada a gol en el área chica por Goitom de cabeza, absolutamente solo de marca y ante la lenta y tardía salida de Palop. El Sevilla se atascó durante los 15 minutos posteriores al gol del sueco negro, hasta que Jiménez se dio cuenta de algo que resultó clave. La eficaz presión del Valladolid tenía un punto débil. Su basculación excesiva hacía que la banda contraria a donde se estuviera jugando quedara desguarnecida. Así que el mister lo vio claro, necesitábamos cambios de juego muy rápidos, y presentar alternativas de ataque siempre por las dos bandas. Para todo ello era clave la figura de Romaric, que debía ocupar el centro para ejecutar esos cambios de juego, pasando Renato al interior zurdo. Maniobra perfecta. Dicho y hecho. Minuto 41, rápido cambio de izquierda a derecha del costamarfileño, que permite a Navas hacer el uno contra uno en su banda y, al mismo tiempo, comunicarse telepáticamente con Kanuté para que en la carrera este se quede parado en seco para que los centrales siguieran reculando, volviendo a ganar el espacio suficiente para un remate de primeras y a la media vuelta. Ambos se abrazaron para decirse sin palabras “qué bueno que nos conocimos”. Fin de la primera parte y fin del partido.
De este partido se pueden hacer interesantes reflexiones y extraer aún mejores conclusiones. Que el gran partido de Málaga no fue una casualidad, y si entonces hubiéramos tenido la mitad de la eficacia goleadora de hoy hubiésemos goleado. Que el Sevilla, jugando una vez en semana y sin lesionados, es prácticamente imbatible (insisto, no ganar como jugamos contra el Málaga es un accidente remoto), claramente mejor que 18 equipos de nuestra liga. Que Romaric tiene una zurda impresionante, pese a la poco ortodoxa ejecución de sus pases (parece que se deja el balón atrás para realizarlos). Que Adriano es el mejor lateral derecho sano que hay en la plantilla, y que encima ofrece salida de balón. Y que Kanuté es el jugador más grande que hemos tenido jamás.







